Vivimos en un mundo, en el que las nuevas tecnologías proporcionan mayores posibilidades de comunicación y organización que en el pasado. Pero no por eso tenemos que olvidar de donde venimos. El boca a boca, los escritos que van de mano en mano, el teléfono, Internet y las redes sociales, entre otros, han conformado la historia de la comunicación, ¿y ahora qué? Nos encontramos en un momento de crisis en el mundo de la comunicación, la rapidez con la que se han implantado las nuevas tecnologías y la velocidad con la que se han extendido dentro de la sociedad y progresan no han dado paso a un momento de reflexión sobre su poder de uso. Tampoco los poderes políticos han sido capaces de asimilar esta situación de cambio a la que no se pueden oponer y su adaptación ya es tardía para unirse a los nuevos movimientos y grupos surgidos en la red. Sin embargo, gracias a estos recursos que ofrece Internet y los cambios que promueve en la comunicación, la vida pública y privada toma mayor relevancia.
Hace aproximadamente un año empezaron a observarse cambios en la sociedad producidos por los movimientos surgidos en el mundo digital. Sin embargo, aunque puede que sea la red el cambio definitivo para organizar y dar forma a las revoluciones del siglo XXI, lo podemos considerar como el último factor que conciencia y convence a todos aquellos que luchan por un mismo ideal, y sería un error simplificar sólo al uso de Internet todos estos fenómenos de lucha política surgidos apenas unos meses atrás. Existen más elementos que han llevado a este momento de cambio crítico de la democracia actual y la cultura política. Un deterioro progresivo que ha tenido su momento culmen con el uso de las herramientas comunicativas que se ofrecen en la red y que no sabemos cómo se hubiesen desarrollado sin ellas. Me refiero a las revoluciones árabes y al movimiento 15M- Democracia Real como principales ejemplos de activismo político surgido en la red y que han puesto de manifiesto el cambio que las nuevas tecnologías están produciendo en el modo de hacer política. Todavía no contamos con la perspectiva de futuro para predecir el sentido que tendrán estos movimientos y como continuará esta tendencia, pero lo que ya se puede afirmar es la época de cambio en la política tradicional y las ganas de romper con los sistemas de poder actuales.
Los políticos pierden fuerza, mientras que la sociedad utiliza la red para recuperar su relevancia en la democracia. No se debe olvidar el papel que los medios de comunicación juegan como transmisores de mensajes entre la clase política y la ciudadanía, su función era la de ser el cuarto poder, funcionar como contrapeso al poder político. Sin embargo, en la actualidad se guia más por otro tipo de intereses que han llevado a una disminución de la presión social y un mayor descrédito por parte del público. Los medios de comunicación se venden a otros intereses distintos a los del público al que se dirigen, mirando para sus beneficios internos. Intereses que no representan a la sociedad y que no luchan por los ideales del periodismo de sobra conocidos.
Internet ha irrumpido cambiando, no de forma radical, pero si sustancialmente los flujos de información y siendo optimistas esperamos que siga aumentando su influencia en el futuro. Internet propició un nuevo sistema de transmisión de mensajes y las redes sociales han contribuido a la difusión de pensamientos y la agrupación de aquellos que luchan por unos mismos ideales. Esta forma de mundo conectado ha facilitado un cambio en la comunicación en general y en la forma de hacer política en particular. Se trata ahora del inicio de un nuevo modelo en la comunicación, todavía está en proceso de implantación, pero ya se puede observar una participación activa y continua de la sociedad en la política y su interés por formar parte de ella sin ser sujetos pasivos.
No todo es positivo en esta evolución cibernética. La abundancia de medios e información que se dan en la red tiene tanto su cara positiva como su lado más negativo. A la vez que hay mayores posibilidades de estar informado en cualquier lugar sobre los hechos que acaban de pasar, se produce una abundancia de información que el público no es capaz de asimilar. Se pierden progresivamente la capacidad de reflexión y análisis de los hechos y la credibilidad de los medios.
Los intereses de la clase política y los intereses ciudadanos son distintos, los objetivos son diferentes y los beneficiarios también. Los políticos no han sido capaces de asimilar la rapidez de estos cambios y por ende, su adaptación a ellos como herramientas de comunicación política va por detrás de la sociedad, que ha descubierto una forma de evaluación permanente, un análisis que va más allá de su papel dentro del gobierno, que se infiltra en la vida privada. Sin embargo, esto todavía es fragmentario y no toda la sociedad está involucrada en formar parte activa de la democracia. Los que lo hacen tienen más fácil su organización y manifiestan su disconformidad con el sistema, están formando eso que algunos auguran de ciudadanía digital. Sin duda, las nuevas tecnologías han surgido como un boom, pero falta perspectiva histórica para comprobar el uso y la importancia futura que tendrán en la comunicación política y todavía falta mucho para llegar a crear un movimiento común, global y mayoritario organizado sin intereses propios a través de la red.
A raíz de la conferencia: "Activimo político en la red", impartida por Antonio González- Rubí, Antonio Núñez y Fernando Moreno.
Creo que las características de internet hacen que sus partidarios pierdan la perspectiva. Y es que, muy a pesar de quienes ven en la red un elemento al servicio del cambio, no hay que olvidar que es un arma de doble filo, y que se erige al mismo tiempo como una jugosa herramienta más al servicio de la propaganda realizada por las fuerzas políticas, que no tardarán en adueñarse de sus ventajas y explotarlas de acuerdo a sus intereses.
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